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Vibrantes títulos

Les traemos la crítica de cine de este mes de nuestro periodista Iván Darío Hernández Jaramillo.

Les traemos las DCrítica de cine de este mes de nuestro periodista Iván Darío Hernández Jaramillo.

La libertad del diablo
Director: Everardo González
Calificación: Extraordinaria e imprescindible

Cuando terminé de verla, noté el miedo que sentía al mirar la pantalla, la mirada que no se podía sostener al contemplar el dolor hacia el sufrimiento de otra persona. Es un documental mexicano, pero también podría verse como un espejo atemorizante de nuestra propia realidad en los campos y en la selva.

Si bien narra los homicidios, el miedo, la corrupción y la extrema violencia en Ciudad Juárez a través de las voces de las víctimas y los victimarios, nos cuenta el factor humano que nos hace comprender que el victimario también es víctima, y que la víctima no tiene necesariamente que perdonar, que también se puede vivir pidiendo justicia. Otro factor determinante en este documental es que todos los entrevistados usaban máscaras de piel, lo cual dejaba la sensación de que todos somos todos, y saber eso conmueve y duele.

Crítica de cine La Libertad del diablo


The We and The I
Director: Michel Gondry
Calificación: Extraordinaria

La película rara, loca, enloquecida, genial, adolescente, conflictiva, liberadora, colorida, bonita, brillante, rebelde, sencilla, inmediata, ligera y vibrante de Michel Gondry es, por si ya no lo he dejado claro, una absoluta maravilla en un universo extrañísimo al interior de un bus escolar y en el proceso de crecer y ser. No deje de verla, es atípica e inesperada, y es tremendamente refrescante.

Crítica de cine The We and the I

 

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DCrítica: Propuestas particulares

Una versión colombiana rarísima del clásico de Robert Bresson y un milagro cinematográfico colectivo, un ejercicio además muy valiente

Una versión colombiana rarísima del clásico de Robert Bresson y un milagro cinematográfico colectivo, un ejercicio además muy valiente. Estas son nuestras dos películas del mes.

Por Iván Darío Hernández Jaramillo

Pickpockets - Crítica de cine

Pickpockets de Peter Webber

Pickpockets es una película muy particular, tan desafiante como imperfecta, tan irregular como deliciosa y tan buena como mala. No tiene un equilibrio, no hay tal cosa como un punto medio.

Sospecho que el resultado fue porque junto al director Peter Webber hubo dos directores asociados más, los siempre interesantes Diana Rico y Richard Décaillet, quiere decir, fue una película hecha a seis ojos.

Ustedes no reconocerán fácilmente a Bogotá en esta extrañísima propuesta de cine criminal, presentada con una fotografía apocalíptica y casi asfixiante. Su talento de jóvenes actores, realmente dinámicos y creíbles van a merced de un guion que se explica mucho, que no deja para pensar, y que, o cree un poco boba a la audiencia, o no supo callar y solamente mostrar.

Es indispensable, para recuperar la fe, visionar inmediatamente después Pickpocket de Robert Bresson.

Vía crucis - crítica de cine

Vía Crucis de Harold De Vasten

Bienvenidos al bello cine imposible, a la filmación en contra de todas las posibilidades, a la creación colectiva de muchos corazones, a la humildad y la valentía.

Vía crucis fue creada con un logro milagroso llamado por su director, Harold DeVasten, como Cine Minga, es decir, un cine en el que toda una comunidad, de una u otra forma, aportaba, colaboraba y creaba.

No había necesidad de saber de cine ni siquiera, había que creer y que amar, había que ser terco y hacer. Si la humanidad aplicara el Cine Minga para mejorar su entorno, el mundo sería un sitio más bello, todos seríamos productores de una mejor película para otros.

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El espacio entre la obra maestra y la obra convencional – Alien Convenat

Nuestro periodista  Iván Darío Hernández Jaramillo nos comparte una critica de la película Alien Convenat.

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Y de repente, todos los sueños conducen nuestra mirada al espacio y nuestra mente viaja en el tiempo, desde los propios créditos, a eso que se volvió nuestro mayor terror en el espacio exterior. Los recuerdos de Alien, el octavo pasajero empiezan a aparecer. Desde el primer momento, Alien Covenant ya no parece una película de Ridley Scott, más parece un dibujo en movimiento de Jean Giraud (Moebius). Que experiencia tan única, sin los vicios de la tercera dimensión. El espacio exterior luce tan nítido como un día soleado, pero como todo día en extremo soleado es un aviso inequívoco de una fuerte lluvia futura.

En su primera parte, Alien Covenant no es tan solo un sueño cósmico como ya no se veía en el cine, promete ser además una cátedra de un género maltratado por el tiempo. Michael Fassbender esta maravilloso, tan ilimitado como lo fue HAL 9000 en 2001: Odisea en el espacio.  No tardan en aparecer las primeras máquinas asesinas, versiones letales recién nacidas de la legendaria creación diseñada por H.R. Giger. Él se hubiese emocionado bastante, todo es un homenaje de toda una vida no solamente de Scott, sino además del inmortal diseñador, de Dan O´Bannon y de Walter Hill. En su primera parte, Alien Covenant no tendría nada que envidiarles a los más ambiciosos sueños de Dune de Jodorowsky. Pero solamente es la primera parte.

A partir de aquí con Spoilers. Todo es de lo más convencional, los sustos están advertidos y los orgasmos visuales magistralmente logrados ahora son tan solo un vago recuerdo. Las duchas de sangre son lo único emocionante en esta nueva aventura. Es en muchos aspectos una película gore a toda regla, pero mientras más cuerpos caen destrozados, más Alien Covenant se vuelve una de esas segundas partes cansadas. Digamos que Aliens (la continuación de Alien, el octavo pasajero) y que fue emocionalmente dirigida por James Cameron, es tan vibrante como esta Covenant termina por no serlo. Son las dos partes de todo este universo equivalentemente distantes. Todo es una gran confusión, de la maravilla visual a unas sorpresas dignas de una película de asesinos seriales setentera.  Si el sueco Daniel Espinosa hubiese planteado estrenar Life al lado de Alien Covenant, no se sabría quién le copió a quién el guion y seguramente Ridley Scott, así como se lo hizo a Neill Blomkamp, no hubiese permitido que la hubiera hecho. Cuanto extraño a esta hora todo eso que bien pudo hacer el director sudafricano.

La joya de toda la película se revela en Fassbender, haciendo un doble papel, en ambas facetas más brutal y acertado conforme pasan las escenas. Toda la película es él, inclusive siendo más atemorizante que el Xenomorfo. Es el sintético David de la misión Prometeo, y el sintético Walter de la misión Covenant. Es tan grandioso este actor en estos dos personajes, que los huecos argumentales que hay que pasar por alto para que esta historia tenga un puente ideal con Alien, se hacen muy evidentes con lo que se nos revela de David después del final de Prometeo. Es tan extremo el giro, que se siente una burla, hay que ver Prometeo para entender Covenant y al tiempo hay que olvidar todo lo que con tanto esfuerzo se nos contó en Prometeo para encontrar el norte lógico de Covenant.

El desenlace viaja de lo auto paródico al auto homenaje. Hay una escena con música de película porno y digna de un guion hecho para un viernes 13, en la que la pareja de novios está haciendo el amor en una ducha justo cuando el asesino anda suelto y es quien preciso los mata en el momento más existente de la relación. Luego del chiste, Alien Covenant se apresura al final con la muerte del personaje gay y mexicano y del afroamericano. La inminente muerte de la bestia nos conduce a lo que bien hicieron en su momento Scott y Cameron, las ideas originales, el desenlace clásico. Luego hay otro giro más que cantado, pero tan convincente con la actuación de Michael Fassbender, que terminamos por perdonar la obviedad.