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Entre Mick Jagger y la salsa brava

Una importante entrevista que realizo nuestra periodista DC María Antonia León 

A propósito de los 40 años de la publicación de ‘¡Qué viva la música!’, de Andrés Caicedo, hablamos con Sandro Romero Rey, uno de los escritores que más conoce y admira la obra del mítico autor caleño.

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La vida de Sandro Romero Rey se mueve entre el cine, la literatura, las artes y el periodismo cultural. En todos ellos coincide con Andrés Caicedo, el escritor que ha conmovido a varias generaciones de lectores debido al talento de sus obras, pero también al modo en que acabó con su vida: el día que recibió el primer ejemplar impreso de su novela ¡Qué viva la música!

DC: ¡Qué viva la música! todavía es leída con interés por diversos públicos. ¿A qué cree que se deba eso?

Creo que a esa suerte de misteriosa maestría que tienen los grandes escritores que terminan imponiéndose a pesar de las restricciones, censuras, el paso del tiempo, las críticas o el olvido.

Al mismo tiempo, el aura eternamente juvenil de Caicedo ayuda a la perpetuación de su mito. En el nuevo milenio, no es solo un autor; se ha convertido en un personaje, tan legendario como el de los angelitos empantanados de sus libros.

DC: La publicación de la novela coincidió con el suicidio de su autor. ¿Qué lectura hace de esa situación?

El suicidio de Caicedo hace parte de “la novela” de Caicedo; es decir, de la prolongación de su obra por los medios adicionales de la realidad. La obra de Proust, de Jim Morrison, de Isadora Duncan, de Andy Warhol o de Salvador Dalí tiene que ver, al mismo tiempo, con lo que representaron como personalidades de su tiempo. Caicedo, con su gesta trágica y sus enfermedades del alma, no es una excepción.

DC: Cuando leyó por primera vez este libro, ¿qué edad tenía y cómo describiría esa experiencia?

A Caicedo lo empecé a leer a los 15 años, cuando aún vivía. Él era una guía para quienes comenzábamos a interesarnos en el cine, a través de lo que publicaba en los diarios caleños y el material que escribía para su Cine Club. Cuando leí ¡Que viva la música! sentí una cachetada de vida o muerte, de la cual aún no me he recuperado. Es uno de los libros esenciales en mi biblioteca personal.

DC: ¿La obra de Andrés Caicedo, en general, le ha aportado algo a su escritura?

Por supuesto. Como han aportado Vila-Matas, Vallejo, Cabrera Infante, Joyce, Allan Poe, Salgari, Leonard Cohen, Bob Dylan, los Rolling Stones. Todos canibalizamos a los autores que amamos. Caicedo tiene todos los elementos para tratar de llegar a él. Sin conseguirlo nunca, por supuesto.

DC: La prosa de Caicedo se caracteriza por la espontaneidad y la fuerza, lo que puede estar muy lejos de los cánones académicos. Usted, que es escritor y docente, ¿cómo concilia esos dos mundos?

Un gran autor es aquel que logra conciliar la academia con la irreverencia, lo popular con lo erudito, el buen gusto con el mal gusto, lo universal con lo provinciano, lo bello con lo feo. Caicedo se lee a diestra y siniestra, en las universidades norteamericanas y en París, en los barrios populares de Cali y en el Cine Tonalá de Bogotá, en el BaFiCi argentino y en los Penguin Classics ingleses. Creo que esa conciliación ya se demostró en estos 40 años.

DC: ¿Cree que es importante que las nuevas generaciones lean a Andrés Caicedo?

A Caicedo hay que seguirlo leyendo porque, de ser un autor contemporáneo, poco a poco se va convirtiendo en un artista “de época”. El tiempo seguirá pasando y su obra seguirá ahí, supongo, eternamente fresca e infinitamente triste.

Sobre Sandro…

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Sandro Romero Rey es escritor, director de teatro, realizador, guionista, productor de radio, cine y televisión, y periodista cultural. También es do cente del programa de Artes Escénicas de la Facultad de Artes (ASAB) y de la Maestría en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional.